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Entrevistas
Hernández ve antidemocrática a la prensa que corta a Trump
´Autor de Así empieza todo: la guerra oculta del S.XXI´: "Biden no elimina los problemas de Europa"

    


"La objetividad de los medios no solo está siendo minada por la extrema derecha, las redes y demás, también son los propios medios los que se están saltando sus propios códigos deontológicos".Lo declara Esteban Hernández, jefe de opinión de ´ElConfidencial.com´, al director de ´Cuartopoder.es´, en una entrevista sobre su libro ´Así empieza todo:la guerra oculta del S.XXI´."En el caso estadounidense, la toma de partido que han hecho por una opción es antidemocrática",concluye el autor de la obra

"No se le puede negar al presidente de Estados Unidos la palabra, es el presidente. Luego, se puede decir que ha dicho mentiras, pero no negarle la palabra, eso es una toma de partido", responde a la pregunta del director de Cuartopoder.es sobre el periodismo, a la vista de que se ha aplaudido estos días desde la profesión la desconexión de varias televisiones norteamericanas durante un discurso de Trump en el que estaba difundiendo falsedades sobre los resultados de las elecciones norteamericanas:

-En este elemento de deterioro de la democracia, es muy fácil señalar a los populismos de derechas, pues la desprecian y la manipulan. Esto es un hecho que hay que combatir, evidentemente. Además, no se puede pensar en el aumento de la extrema derecha sin la manipulación en redes e internet. Es un hecho que ha deteriorado el periodismo, pues esta esfera de referencia lo es para buena parte de la población que ya no tiene a televisiones, radios y grandes periódicos como eje de información, se fija en esta otra esfera. En Estados Unidos, los grandes medios han perdido mucha influencia. Por otro lado, lo medios se han hecho cada vez más partidistas, se han polarizado y llevan cada vez más una inercia menos objetiva.

Esteban Hernández (1965) es periodista, analista político y escritor. Actualmente, es el jefe de opinión de El Confidencial. Recientemente ha publicado en la editorial Ariel el ensayo Así empieza todo, la guerra oculta del S.XXI, en el que analiza cómo la imposición de la economía financiera sobre la productiva está cambiando el mundo. Con motivo de esta nueva publicación, charlamos con él. Lo que, irremediablemente, nos lleva a hablar de la actualidad internacional y de la situación política y social española.

-Así empieza todo: la guerra oculta del S.XXI. ¿Por qué es pertinente este libro hoy?

-El libro tiene enfoques en distintos terrenos, el geográfico, geopolítico, de clases… El aspecto que estructura todo es el económico. Por lo general, la economía se ha bifurcado entre la financiarizada y la productiva. La mayor parte de nuestras vidas las sostenemos a partir de lo que hacemos, prestar un servicio, fabricar algo… Esta parte ha ido decayendo sistemáticamente en el nivel de ingresos y de vida de la gente. Por otro lado, al decaer lo productivo y priorizar lo financiero, es más fácil que los impuestos no se puedan cobrar…

Todo esto conforma dos velocidades y dos tipos de vida. El trabajo no es el aspecto que garantiza nuestra subsistencia o hace escalar en la escala social, son los activos. Lo hemos visto en la pandemia, al que depende de los activos financieros le ha ido bastante bien, a quien depende del trabajo, peor. Esto tiene derivadas geográficas, las grandes urbes crecen y acumulan, las zonas rurales decaen, por lo general, en Occidente. Tiene, también, derivadas políticas, pues genera sociedades más enfrentadas.

"La economía se ha bifurcado entre la financiarizada y la productiva"

También tiene derivadas geopolíticas, Estados Unidos ya no es hegemónico, también está la influencia de China. Estados Unidos es el polo financiero, digital y en gran medida verde; China es el polo productivo y tecnológico, también. Entre estos dos polos hay una serie de actores, como la Unión Europea, Rusia, India, Turquía o Brasil, que juegan sus bazas para intentar posicionarse mejor. Pero esta deriva geopolítica también tiene que ver con esa separación radical entre lo financiero y lo productivo. Estados Unidos es Wall Street, China, las fábricas.

-En este panorama mundial que plantea, ¿qué cambia que esté Biden o que esté Trump?

"La idea de 'América primero' la aplicará Biden igual que Trump"

-Cambia mucho y poco. Poco porque el marco de política exterior estadounidense va a seguir siendo similar, no va a haber grandes diferencias. Habrá diferencias de tono con la Unión Europea, menos hostilidad. Sin embargo, la idea de 'América primero', de que la globalización se ha roto y han de mirar por sus propios intereses la aplicará Biden igual que Trump.

Por otro lado, cambia porque son dos tipos de élites distintas. Eso se ve en las dos áreas en las que se han apoyado uno y otro para conseguir recursos para las campañas y que han conformado su programa. Por un lado, el sector petrolero de Trump, por otro, el ecológico de Biden. Esto significa un tipo de industria por un lado, por el otro, los fondos financieros impulsando el cambio verde. Esto genera dos perspectivas distintas de sociedades.

Tanto uno como otro cambian poco en realidad, pues la desigualdad entre quienes tienen los activos y no los tienen va a seguir ampliándose. Trump prometió una deriva nacionalista y un regreso de las fábricas, pero no lo ha cumplido. Biden está intentando establecer su programa, al cual la Unión Europea está directamente vinculada, pues también los fondos Next Generation EU son básicamente digitalización y economía verde. Ninguno de los dos va a generar un cambio del trabajo, en el mundo empresarial o va a generar redistribución. Los problemas de fondo van a seguir ahí.

-¿Respirará más tranquila la Unión Europea con Biden?

"La diferencia económica entre Alemania y España va a ampliarse radicalmente"

-Sí, pero Biden no elimina los problemas de Europa. Sintetizando, Europa tiene dos opciones. Por un lado, establecer una posición estratégica propia, que no solamente pasa por impulsar lo militar, sino por reconstruir los aspectos económicos para hacer una Unión Europea más sólida y cohesionada. El paso que ha dado en esta dirección, los famosos fondos, es un paso escaso, un pequeño parche. Alemania va a meter 2 billones a su economía y España, 140.000 millones menos los descuentos, por lo que la diferencia económica entre Alemania y España va a ampliarse radicalmente.

Si la Unión Europea no tiene una opción propia estratégica, tiene otra posibilidad, vincularse a una de las dos grandes superpotencias en conflicto, en este caso a Estados Unidos. En Alemania, esto se está debatiendo mucho. La visión de Biden tiene a Francia y Alemania como eje prioritario. El mundo verde y de la digitalización entronca muy bien aquí, el modelo de Trump entroncaba menos. Por lo cual, la Unión Europea probablemente se vinculará más a Estados Unidos, pagando el precio de no acometer las reformas interiores que necesita para poder subsistir y rechazando tener la fuerza exterior propia necesaria.

-Habla de la rivalidad entre Estados Unidos y China. Quizás, con Biden, estas relaciones diplomáticas sean más soft.

-En esto, es muy complicado un enfrentamiento radical, está todo muy interconectado. Hace unos días, grandes fondos de inversión norteamericanos estaban en Pekín negociando las inversiones que iban a hacer en China. Se puede relocalizar parte de la producción, pero no toda. Si se relocalizara toda, Wall Street sufriría mucho, pues China tiene mucha deuda estadounidense. Es que hay muchos elementos de interconexión.

Esta pelea no se jugará en sus territorios, se jugará en territorios ajenos. La Unión Europea es uno de ellos, donde hay millones de consumidores con un nivel adquisitivo relativamente elevado, con lazos tradicionales con ambas partes, que intentarán crecer aquí. Por ejemplo, el país que más vende a España ahora mismo es China, por encima de Alemania. Esas tensiones estarán ahí pendientes. Estados Unidos y China pueden llegar a acuerdos, pero a quien más afecta es a los europeos, que estamos en medio y sin la fuerza suficiente como para generar equilibrios entre ambos. Eso nos obligará a supeditarnos.

-Economía digital y verde. ¿Esta economía verde que se nos vende es útil, en realidad, para paliar la crisis climática?

"La orientación es ganar dinero, no solucionar el problema ecológico"

-De esto hablo en el libro. En un capítulo me baso en un paper, El consenso de Wall Street, sería el siguiente paso a lo que se llamó 'El consenso de Washington'. En relación a lo ecológico, nos puede pasar lo mismo que con lo digital: cuando aparece como posibilidad, todo el mundo piensa que puede servir para cambiar las cosas para bien, pero, tal y como está diseñado, es un instrumento de generación de activos, para poder captar recursos y ponerlos a funcionar en un ámbito nuevo, que puede ser rentable. La orientación es ganar dinero, no solucionar el problema ecológico; que el precio de los activos suba, no que se arregle el problema del carbón. Así está orientado.

Más allá de lo que tiene que ver con el futuro del planeta, podría ser una buena idea, por ejemplo, en España, para desarrollar energía con medios propios. Eso serviría para desarrollar áreas despobladas… Pero el plan no es ese, es un instrumento para generar activos para los grandes fondos que están captando recursos en este sentido, es una forma de abrir áreas de negocios.

-Entonces, cuando vemos al Gobierno de coalición mostrando tanta felicidad con la llegada de los fondos europeos, ¿cree que es propaganda?

-No es propaganda, es pura sumisión. El Gobierno español está permanentemente alineado con lo que la Unión Europea señala y con la ideología de los actores financieros que operan a través de ella. En la conferencia que hizo Pedro Sánchez en Davos, marcó las pautas que el Gobierno va a seguir. Otra cosa es que el Gobierno tenga que lidiar con una crisis que genere más deuda en España, que va a traer momentos muy complicados, pérdida de empleos, etc. Pero, en cuanto a ideología se refiere, en Davos lo marcó perfectamente: lo verde y lo digital. Entonces, son aliados o subordinados, en el mismo terreno, de la Unión Europea y Biden. No hay ninguna diferencia ni en Sánchez ni, tampoco, en Iglesias.

-Fíjese que al principio de la pandemia hubo algún momento en el que parecía que la figura del estado, como actor político, recuperaba influencia en el tablero de juego.

"Hay un momento de desarrollo nacionalista en países como India, China, Reino Unido, Estados Unidos"

-Los grandes estados, los que tienen recursos propios, sí han visto algo reforzadas sus capacidades, bien sea India, China, Reino Unido… A cada uno de ellos le ha ido de manera distinta. Los estados poderosos, en este momento, intentan ampliar su área de influencia. Alemania tiene esa intención también, pero España no la puede tener, pues no hay nada que le permita sacar músculo propio. Sin moneda, sin industria y con el turismo desapareciendo…

Ese regreso nacional que se produjo tuvo lugar desde una experiencia muy desagradable, recordamos a estados europeos quitándose mascarillas unos a otros en los aeropuertos. Aquello desveló el telón de fondo sobre el que está construida la asociación europea. Pero ese regreso nacional ahora no tiene recorrido en Europa, solo puede ser instigado por Francia, Alemania o ambos, pero no por España o Países Bajos. Esta es la paradoja: hay un momento de desarrollo nacionalista en países como India, China, Reino Unido, Estados Unidos, pero no en Europa. Europa no es un estado, si fuera una unión real podría defender intereses comunes con influencia, pero solo es una amalgama de estados con sus propias capacidades de influencia y donde priman los intereses propios a los comunes.

-Le pido que haga una radiografía de la situación de la izquierda española diez meses después de la constitución del Gobierno de coalición.

"En los gobiernos de coalición, el actor predominante es el que sale ganando si las cosas van bien"

-En el terreno puramente táctico, el partido que gobierna es el PSOE y Unidas Podemos el socio minoritario, ambos conforman un Gobierno en minoría. La supervivencia de Podemos está ligada a la del propio Gobierno, lo saben. Si las cosas se pusieran feas y Podemos quisiera abandonar el Gobierno, quedaría muy expuesto, pues tiene poca base social y una intención de voto en declive. Además, en los gobiernos de coalición, el actor predominante es el que sale ganando si las cosas van bien y, si van mal, puede echarle las culpas al otro, perderían los dos pero más Podemos. Con lo cual, Podemos está necesitado de que el Gobierno subsista para seguir vivo y pensar en regresar al Gobierno en el futuro.

Esto, ideológicamente, les limita mucho. Lo que les permite es un margen de maniobra en los simbólico: pueden atacar a la monarquía o hacer una ley trans, pueden ser más feminista o más antifranquista que el PSOE, pero ese es el margen de maniobra. Digamos que no pueden tomar las decisiones que les gustaría tomar, porque están limitados. Es un momento de absorción de la izquierda de fuera del PSOE por el PSOE. Además, los resultados electorales de Podemos han sido malos, en Galicia y Euskadi, y eso marca mucho la capacidad de separarse del Gobierno. Eso en España, otra cosa es en cómo está la izquierda en Europa.

-¿Y cómo está?

"Si la izquierda quiere hacer algo, tendrá que saber cuál es el marco para transformarlo"

-A nivel europeo, la izquierda está desaparecida, sin influencia. Los que más influencia pueden tener son los verdes en Alemania, pero son una izquierda como Sánchez, alineada con esos propósitos de lo digital y lo verde. Sobre todo, la izquierda europea tiene muy poca base social, muy poca capacidad de influencia en la política y en la gente. Si uno piensa en Marine Le Pen, ganará o perderá elecciones, pero es un polo de influencia en Francia, no hay una fuerza de izquierdas que tenga esa capacidad en Europa. Lo que hay son partidos socialdemócratas girados a este polo de lo verde y digital, pero nada más con peso real. Esa es la fotografía, y, mientras la izquierda no sea consciente de que la fotografía es esa, es muy complicado diseñar un camino de salida de una situación de absoluto declive.

Yo pongo el ejemplo de la derecha. La derecha estadounidense salpica a todas las demás. Reagan, Bush padre, Bush hijo y Trump. Uno cambió radicalmente las cosas, Reagan, y a partir de ahí fueron profundizando en la misma dirección y, a veces, de una forma revolucionaria. ¿Qué ha pasado en la izquierda? Clinton, Obama, Blair… Han desplazado a la socialdemocracia clásica hacia posiciones social-liberales, y cada vez son más liberales y menos sociales. Dicen: vayamos hacia el futuro, el progreso, digitalizarnos… Ese es su espectro ideológico, un desplazamiento hacia el centro. A las fuerzas de izquierdas que no eran socialdemócratas, les ha pasado exactamente lo mismo. Ese es el marco, el cual ha dejado a mucha gente fuera de la política, que regresa a la política a través de los populismos, la ultraderecha… Si la izquierda quiere hacer algo, tendrá que saber cuál es el marco para transformarlo.

-Ha hablado de cómo en esta dualidad entre lo financiero y lo productivo, las grandes urbes están absorbiendo a lo rural en occidente. Se ha hablado mucho en los últimos meses de cómo Madrid, por su efecto de capitalidad, se está convirtiendo en parte importante del problema territorial español.

"En el caso de España, una de las tensiones tiene que ver con que no tenía una ciudad global, tenía dos, Madrid y Barcelona"

-En el caso de España, una de las tensiones tiene que ver con que no tenía una ciudad global, tenía dos, Madrid y Barcelona. Mientras hubo recursos, cooperaban, no había problema en que los partidos catalanes apoyaran la gobernabilidad del Estado cuando era necesario y, a cambio, recibían su parte del pastel. Pero, desde el principio del siglo, Madrid se viene desarrollando más que Barcelona y, además, en 2008, llegó la crisis. Las dos ciudades globales empiezan a competir. Barcelona piensa que puede conseguir mucho más si desarrolla su recorrido global por su cuenta, y las élites catalanas se decantan por la independencia de Catalunya.

Las élites catalanas podían ser independentistas, y tenían más apoyo en el rural interior y las ciudades de provincias que en la gran Barcelona. Esta deriva política se da en Estados Unidos, las ciudades grandes tienen una tendencia política y las del interior, otra. En España, Vox se ha desarrollado más en la España interior... Ese cambio geográfico entre las grandes urbes y las ciudades intermedias y el mundo rural también genera comportamientos políticos. Cuando Cristophe Guilluy hablaba de las dos Francias, se refería precisamente a esto.

El problema es que una vez se ha deslocalizado, ya no hay industria en los territorios interiores, hay que tirar de la agricultura y la ganadería por la ventas al exterior y porque hay un proceso de empobrecimiento de los agricultores y los ganaderos. Hay empresas financieras que entrar en el mundo de la agricultura y la ganadería y estos sectores acaban trabajando para otros poniendo sus medios de producción.

Si se van sumando elementos, a estos entornos les queda muy poco. Hay ciudades en España en las que solo hay pensionistas, funcionarios y poco más, eso lleva a que cada vez tengan menos recursos. Esto pasa también en Alemania del este. No hay inversión, no hay desarrollo, el desarrollo se va a las grandes urbes y estos territorios quedan desplazados.-

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