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Economía
Lo defiende más si es insuficiente para alcanzar los ODS2030
El FMI pide tras Gates subir impuestos a los ricos para atender educación, salud e infraestructuras

    


Días después de que Bill Gates volviera a pedir más impuestos para los millonarios, la gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva,defiende en un artículo que se puede luchar contra la desigualdad elevando los impuestos a los más ricos y "sin sacrificar crecimiento económico", con reformas fiscales centradas en la progresividad.También políticas fiscales y de gasto con perspectiva de género,para favorecer la igualdad entre hombres y mujeres e impulsar crecimiento económico y

La propuesta del FMI de elevar el gasto social para combatir la desigualdad es una novedad, no así su defensa de una subida de los impuestos a las rentas más altas, solicitud hecha pública por Bill Gates y otras grandes fortunas norteamericanas en varias ocasiones. Hasta 400 millonarios agrupados por la red de líderes de los negocios "Riqueza Responsable", creada por la ONG United for a Fair Economy (Unidos por una economía justa), se opusieron hace dos años --al igual que la mayoría de los demócratas norteamericanos-- a la rebaja impositiva promovida por Trump, la mayor y más polémica desde la de 1986 del expresidente Ronald Reagan. 

La posición hecha pública esta semana por la gerente del FMI llega sin embargo después de que durante casi diez años de crisis este organismo realizara insistentes peticiones de recortes de gasto público.Una de las últimas afectó nuvamente a España y fue en octubre de 2018, cuando el FMI cuestionó el pacto español para revalorizar las pensiones, en línea con los economistas. Pero ahora con la llegada de la desaceleración económica y los temores de recesión  la nueva directora gerente, Kristalina Georgieva, ha defendido la necesidad de combatir la desigualdad con mayores impuestos a los ricos para poder financiar el gasto social en frentes como educación, salud e infraestructuras, pues la educación, por ejemplo, prepara a los jóvenes para que cuando sean adultos sean ciudadanos productivos que contribuyen a la sociedad. La atención de la salud no solo salva vidas sino que puede mejorar la calidad de vida. Los programas de pensiones pueden ayudar a preservar la dignidad de las personas en la ancianidad.


Kristalina Georgieva, directora genrente del FMI

El texto integro de su artículo, titulado Reducir la desigualdad para generar oportunidades,  dice lo que sigue

En la última década, la desigualdad se ha convertido en uno de los problemas más complejos y desconcertantes de la economía mundial. Desigualdad de oportunidades . Desigualdad intergeneracional . Desigualdad entre mujeres y hombres. Y, desde luego, desigualdad del ingreso y la riqueza . Todas estas desigualdades están presentes en nuestras sociedades, y en muchos países, desafortunadamente, están en aumento.

Lo bueno es que contamos con las herramientas para abordar estos problemas, siempre y cuando tengamos la voluntad para hacerlo. Ejecutar estas reformas es difícil desde el punto de vista político, pero los réditos en materia de crecimiento y productividad valen la pena.

Políticas para abordar la desigualdad

Para abordar la desigualdad es necesario replantear el problema. Antes que nada, en lo que se refiere a políticas fiscales y tributación progresiva.La progresividad de los impuestos es un aspecto fundamental de una política fiscal eficaz. Nuestras investigaciones muestran que en el segmento superior de la distribución del ingreso es posible elevar las tasas marginales de impuesto sin sacrificar el crecimiento económico.

El uso de herramientas digitales en la recaudación de impuestos también puede formar parte de una estrategia integral para estimular los ingreso internos. Al reducir la corrupción se puede mejorar la recaudación y además reforzar la confianza en el gobierno. Y lo que es más importante, estas estrategias permiten generar los recursos necesarios para realizar inversiones que multipliquen las oportunidades para las comunidades y las personas que han estado quedando rezagadas.

La presupuestación con perspectiva de género es otra valiosa herramienta fiscal en la lucha contra la desigualdad. Muchos países reconocen la necesidad de mejorar la igualdad de género y de empoderar a la mujer, pero los gobiernos pueden recurrir a la presupuestación con perspectiva de género para estructurar el gasto y la tributación de manera que den un mayor impulso a la igualdad de género; a su vez, el aumento de la participación femenina en la fuerza laboral afianza el crecimiento y la estabilidad.

En segundo lugar, las políticas de gasto social revisten cada vez mayor importancia a la hora de combatir la desigualdad. Cuando están bien concebidas, pueden ser fundamentales para mitigar la desigualdad del ingreso y sus efectos negativos en la desigualdad de oportunidades y la cohesión social.

La educación, por ejemplo, prepara a los jóvenes para que cuando sean adultos sean ciudadanos productivos que contribuyen a la sociedad. La atención de la salud no solo salva vidas sino que puede mejorar la calidad de vida. Los programas de pensiones pueden ayudar a preservar la dignidad de las personas en la ancianidad.

La capacidad para incrementar el gasto social también es esencial para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Un nuevo estudio del FMI muestra que el incremento necesario varía considerablemente entre los países.

  • Un ejemplo: En ámbitos clave como salud, educación e infraestructura prioritaria, estimamos que las economías de mercados emergentes necesitarán incrementar el gasto todos los años, hasta que se sitúe en alrededor de 4 puntos porcentuales del PIB en 2030. En cambio, en un país en desarrollo de bajo ingreso situado en la media, esa cifra es de 15 puntos porcentuales del PIB.

En tercer lugar, las reformas de la estructura de la economía podrían respaldar aún más la lucha contra la desigualdad al reducir los costos de ajuste, minimizar las disparidades regionales y preparar a los trabajadores para que cubran el creciente número de plazas de trabajo en el sector verde.

  • Las políticas activas del mercado laboral pueden reforzar las aptitudes de los trabajadores y reducir los períodos de desempleo. Entre esas políticas están la ayuda para la búsqueda de empleo, los programas de capacitación y, en ciertos casos, los seguros salariales.

  • Al facilitar la movilidad de los trabajadores entre empresas, sectores y regiones se reducen a un mínimo los costos de ajuste y se promueve un rápida reinserción laboral. Las políticas de vivienda, crédito e infraestructura pueden facilitar la movilidad de los trabajadores.

  • Las políticas e inversiones focalizadas geográficamente pueden complementar las transferencias sociales ya existentes.

Cómo ayuda el FMI a los países a reducir la desigualdad

A lo largo de la última década, las iniciativas del FMI para corregir la desigualdad han sido incorporadas en nuestras labores de supervisión, préstamo, investigación y fortalecimiento de las capacidades, y eso continuará en el próximo decenio.

 Una de las piedras angulares de la manera en que abordamos las cuestiones relacionadas con la inclusión económica es nuestra estrategia de gasto social .
 

"El gasto social no solo ha de ser suficiente sino también eficiente, y debe estar financiado de forma sostenible" 

Nuestra interacción con los países parte de la premisa de que el gasto social no solo ha de ser suficiente sino también eficiente, y debe estar financiado de forma sostenible. Estos conceptos no son meros indicadores; son los principios rectores sobre los que se asienta el asesoramiento que brindamos en materia de políticas.

Por ejemplo, si el gasto social es insuficiente para lograr los ODS o para proteger a una proporción significativa de hogares pobres y vulnerables, entonces es necesario incrementarlo.

Asimismo, las cambiantes condiciones demográficas elevarán los temas relacionados con la sostenibilidad fiscal al primer plano en los debates sobre gasto social, incluido el gasto en salud y pensiones.
 

"Si el gasto social es insuficiente para lograr los ODS o para proteger a una proporción significativa de hogares pobres y vulnerables, entonces es necesario incrementarlo"

Y lo más importante: mitigar los efectos adversos del ajuste en los pobres y los vulnerables es y seguirá siendo un objetivo fundamental.

La implementación en la práctica

Algunos ejemplos recientes de nuestras interacciones en materia de gasto social con los países ofrecen enseñanzas valiosas:

  • Durante la implementación del programa respaldado por el FMI, Egipto amplió a más del doble la cobertura de sus transferencias monetarias, de las que se beneficiaron 2.3 millones de hogares.

  • En Ghana ayudamos a crear margen el presupuesto para aumentar el gasto en educación pública, de modo que el país pueda lograr el objetivo de proveer una educación secundaria universal.

  • Brindamos asesoramiento a Japón sobre el diseño de opciones para la reforma de las pensiones, tan necesaria en una sociedad que envejece.

Es importante reconocer que la presencia de un atractivo informe en una estantería no beneficia a nadie. Por tal motivo, para ejecutar nuestra estrategia de gasto social estamos procurando incorporarla de forma más intrínseca en nuestras labores, para que al trabajar con los distintos países podamos hacerles recomendaciones adaptadas más específicamente a sus preferencias y circunstancias.

Colaboración con socios

Ya sea que abordemos la desigualdad o que brindemos asesoramiento sobre gasto social, somos conscientes de que no podemos hacerlo sin ayuda.Nuestra visión es la de una alianza en la que organizaciones internacionales, instituciones académicas, autoridades nacionales, la sociedad civil y el sector privado trabajan juntas para reforzar las políticas de gasto social y sentar las bases para el cumplimiento de los ODS.

  • Por ejemplo, hace poco me reuní con los ministros de trabajo de los países del G-7, que cuentan con una amplia experiencia en cuestiones sociales, laborales y de empleo que puede ser útil para apuntalar nuestro asesoramiento sobre políticas. Y nosotros en cambio podemos ayudar dando más relevancia a estos temas en el diálogo más general sobre política económica en torno a la estabilidad y el crecimiento.

  • Además, organismos internacionales como el Banco Mundial y la Organización Internacional del Trabajo cuentan con conocimientos invaluables sobre gasto social.

  • Y la sociedad civil, los sectores académicos, los centros de estudios y los sindicatos aportan sus propios puntos de vista acerca del gasto social, que enriquecen nuestras opiniones, nos ayudan a resistir cualquier tentación de caer en una endogamia intelectual, y nos permiten apreciar mejor las condiciones específicas de cada país.

Desde luego, en lo que se refiere a gasto social, no hay una solución aplicable a todos los casos. Los países tienen diferentes preferencias, enfrentan retos distintos y tienen diversas aspiraciones. Pero si trabajamos juntos es más probable que formulemos las preguntas correctas y que por ende encontremos las respuestas correctas.

La posición de Bill Gates

"He sido premiado de manera desproporcionada por el trabajo que he hecho"
, afirmó el fundador y filántropo de Microsoft en un artículo de su blog, titulado Lo que estoy pensando en esta víspera de Año Nuevo. Gates recuerda que, en la década de 1970, cuando Paul Allen y él comenzaron Microsoft, las tasas impositivas marginales eran casi el doble de la tasa actual de hoy. No perjudicó su incentivo para construir una gran compañía ".


Bill Gates

Un fragmento de su articulo tambien alusivo a la educación,la salud y la fiscalidad dice textualmente: 

Aunque la mayor parte del tiempo me paso hablando de los temas en los que realmente estoy centrado (salud global, educación y cambio climático), me preguntan mucho sobre los impuestos. Entiendo por qué surge tan a menudo; Soy un objetivo natural para este debate.

La verdad es que he estado presionando por un sistema tributario más justo durante años. Hace casi dos décadas, mi padre y yo comenzamos a pedir un aumento en el impuesto federal sobre el patrimonio y un impuesto al patrimonio en nuestro estado de origen, Washington, que tiene el sistema fiscal más regresivo del país. En 2010, él y yo también respaldamos una iniciativa electoral que, de haberse aprobado, habría creado un impuesto estatal sobre la renta. (Mi padre incluso escribió un libro sobre por qué necesitamos gravar las fortunas acumuladas).

No siempre es popular defender los impuestos más altos, por lo que es genial que muchos estadounidenses estén teniendo esta conversación. Quiero ser lo más claro posible sobre mis puntos de vista.

Comienzo con el entendimiento de que el Gobierno de los Estados Unidos simplemente no aporta suficiente dinero para cumplir con sus obligaciones. Este no es un juicio de valor; Es solo un hecho. El gobierno recauda alrededor del 20 por ciento del PIB en impuestos mientras gasta alrededor del 24 por ciento. Y el costeo de la deduda acumulada por esa diferencia está subiendo.

Mientras tanto, la brecha de riqueza está creciendo. La distancia entre los ingresos superiores e inferiores en los Estados Unidos es mucho mayor que hace 50 años. Algunas personas terminan con una gran oferta, he sido recompensado desproporcionadamente por el trabajo que he realizado, mientras que muchas otras personas que trabajan con tanta dificultad luchan por sobrevivir.

 

"Creo que los ricos deberían pagar más de lo que pagan actualmente, y eso incluye a Melinda y a mí"

Es por eso que estoy a favor de un sistema impositivo en el que, si tienes más dinero, pagas un porcentaje más alto en impuestos. Y creo que los ricos deberían pagar más de lo que pagan actualmente, y eso incluye a Melinda y a mí.

Aunque no soy un experto en el código tributario, aquí hay algunos pasos que creo que Estados Unidos debería tomar para que su sistema tributario sea más justo.

Deberíamos trasladar más de la carga tributaria al capital, incluso aumentando el impuesto a las ganancias de capital, probablemente al mismo nivel que los impuestos sobre el trabajo.

Hoy, el gobierno de los Estados Unidos depende abrumadoramente de gravar la mano de obra: aproximadamente las tres cuartas partes de sus ingresos provienen de impuestos sobre sueldos y salarios. La mayoría de las personas obtienen casi todos sus ingresos del salario y el trabajo por hora, que se grava con un máximo del 37 por ciento. Pero los más ricos generalmente obtienen solo un pequeño porcentaje de sus ingresos de un salario; la mayor parte proviene de ganancias en inversiones, como acciones o bienes raíces, gravadas con un impuesto del 20 por ciento si se mantienen durante más de un año.

Esa es la evidencia más clara que he visto de que el sistema no es justo. No veo ninguna razón para favorecer la riqueza sobre el trabajo como lo hacemos hoy.

También estoy a favor de aumentar el impuesto al patrimonio y cerrar las lagunas que muchas personas ricas aprovechan. Un sistema dinástico en el que puede transmitir una gran riqueza a sus hijos no es bueno para nadie; la próxima generación no termina con el mismo incentivo para trabajar duro y contribuir a la economía. Es una de las muchas razones por las que Melinda y yo estamos devolviendo casi toda nuestra riqueza a la sociedad a través de nuestra fundación, en lugar de pasarla a nuestros hijos.

Otros pasos hacia un sistema impositivo más justo incluyen eliminar el límite de la cantidad de ingresos sujetos a los impuestos de Medicare, cerrar la brecha de intereses acumulados que permite a los administradores de fondos de inversión pagar la tasa de ganancias de capital más baja sobre sus ingresos, y gravar grandes fortunas que tienen retenido durante mucho tiempo (por ejemplo, diez años o más). Las personas muy ricas a menudo tienen grandes inversiones que han mantenido durante largos períodos, y si esas inversiones no se venden o intercambian, el dinero nunca está sujeto a impuestos. Eso no tiene sentido.

Y fijar los impuestos a nivel federal es solo una parte de la solución. También debemos hacer que los impuestos estatales y locales sean más justos, ya que representan una gran parte de las facturas de impuestos de los estadounidenses. Por ejemplo, sigo pensando que deberíamos adoptar un impuesto estatal sobre la renta en Washington.

Cuando digo que el Gobierno necesita recaudar más dinero, algunas personas preguntan por qué Melinda y yo no pagamos voluntariamente más impuestos de lo que exige la ley. La respuesta es que simplemente dejar que las personas den más de lo que el Gobierno pide no es una solución escalable. Las personas pagan impuestos como una obligación de ley y ciudadanía, no por caridad. Las donaciones voluntarias adicionales nunca recaudarán suficiente dinero para todo lo que el Gobierno necesita hacer. Si Melinda y yo firmamos toda la dotación de nuestra fundación para el estado de California, no sería suficiente financiar sus escuelas públicas ni siquiera por un año. Un sistema económico dinámico depende de establecer expectativas sobre quién paga cuánto.

Pero además de los impuestos justos, Melinda y yo creemos que es valioso para la sociedad permitir que los ricos pongan algo de dinero en fundaciones privadas, porque las fundaciones desempeñan un papel insustituible que es distinto de lo que los gobiernos hacen bien. En particular, la filantropía es buena para administrar proyectos de alto riesgo que los gobiernos no pueden asumir y las corporaciones no podrán, por ejemplo, probar nuevos.


Menor crecimiento mundial y aumento de la deuda pública

Mientras se difunden ecos de esas opiniones del FMI y Gates, el informe Perspectivas económicas mundiales del Banco Mundial coincide con el diagnóstico que han ido esbozando otros organismos como el Fondo Monetario Internacional: la economía se frena mientras la deuda sigue disparándose.El estudio destaca que 2020 podría comenzar con ese "ligero" repunte "luego de registrar su peor desempeño desde la crisis financiera". Sin embargo, alerta de que este escenario que define como de "lenta recuperación" está amenazado por 2 tendencias: "el aumento sin precedentes de la deuda a nivel mundial y la prolongada desaceleración del crecimiento de la productividad".

En concreto, el Banco Mundial advierte de que el actual crecimiento de la deuda y señala que es la mayor y más generalizada "oleada de deuda" de las 4 que se han producido en los últimos 50 años. Este fenómeno es especialmente destacado en países emergentes y en desarrollo, en los que su ratio de deuda sobre PIB ha crecido de un 115% en 2010 a un 170% en 2018.

Así han crecido la economía y la deuda entre 2010 y 2018

Banco Mundial

A pesar de que reconoce que "el endeudamiento público puede ser beneficioso e impulsar el desarrollo" o estabilizar la actividad durante una recesión, la institución financiera reconoce que el alto nivel de deuda actual "conlleva riesgos significativos". Por ello, pide a los gobiernos que tomen medidas para mantener controlados sus costes, mejorar su sostenibilidad y "reducir riesgos fiscales". 

Ademas, el informe alerta de que las 3 oleadas de acumulación de deuda anteriores "acabaron mal". Así, señala "los incumplimientos en el pago de deuda soberana a principios de los años ochenta; crisis financieras a fines de la década de 1990; la necesidad de importantes alivios de deuda en la década de 2000, y la crisis financiera mundial en 2008-09". 

No obstante, el Banco Mundial puntualiza que esta oleada es diferente de las anteriores, dado que detecta en los mercados emergentes más deuda pública en manos extranjeras y más deuda privada en divisa foránea. En los países de ingreso bajo advierte de "préstamos de los mercados financieros y acreedores bilaterales que no son miembros del Club de París, lo que genera inquietud acerca de la transparencia y la colateralización de la deuda". 

Más allá de sus advertencias por la oleada de deuda global, las perspectivas del Banco Mundial para 2020 destacan por haber revisado 2 décimas a la baja su previsión de crecimiento del PIB global en 2020 hasta el 2,5%. Esto supone un alza levemente superior a la del año pasado, en el que calcula que se registró un crecimiento del 2,4%, "a medida que el comercio y la inversión se recuperen gradualmente".

Sin embargo, serán los países emergentes y en desarrollo los que lideren ese crecimiento, pasando de un 3,5% en 2019 a un 4,1% en 2020. El informe no prevé que ese avance sea generalizado, sino que augura que "un pequeño número de grandes economías emergentes que superarán el estancamiento económico o se estabilizarán tras salir de un período recesivo o turbulento". 

Mientras, prevé para las economías avanzadas que el crecimiento se reduzca del 1,6% del año pasado a un 1,4% por "la persistente debilidad en las manufacturas". Además, el Banco Mundial también apunta a varias amenazas que pueden truncar esta previsión, como un recrudecimiento de la guerra comercial, una mayor desaceleración en EE.UU., China o la eurozona o al surgimiento de tensiones geopolíticas o fenómenos ambientales inesperados.

En lo que respecta al crecimiento de los ingresos per cápita, el informe es pesimista y considera que "se mantendrá muy por debajo de los promedios a largo plazo y avanzará a un ritmo demasiado lento para alcanzar los objetivos de erradicación de la pobreza". Así, mientras Asia lidera el avance de la renta per cápita, seguido de Europa, mientras el África subsahariana muestra el alza más modesta.

Por ello, el Banco Mundial también ha destacado la desaceleración del crecimiento de la productividad en los últimos 10 años, "que debe recuperarse para mejorar los niveles de vida y contribuir a la erradicación de la pobreza". Además, asegura que está evolucionando de forma desigual y que "un trabajador de una economía emergente o en desarrollo produce menos del 20 % que un trabajador de una economía avanzada".

Para hacer repuntar la productividad, el organismo pide que actúen los gobiernos. Entre otras medidas propone estimular la inversión, actualizar la formación de los trabajadores, asignar recursos a los sectores más productivos, revitalizar la adopción de tecnología y la innovación tecnológica, y promover "un entorno macroeconómico e institucional favorable al crecimiento". 

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