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Recesión evitable

    

Si medimos la probabilidad de una próxima recesión por las veces que se utiliza el término en medios, redes sociales o conversaciones de todo tipo, no habría duda de que es, día a día, mas elevada. Además en economía las expectativas generan comportamientos que ayudan a que se cumplan.

Como dice en un reciente artículo en @expansioncom (El peligro semántico de una recesión)Francisco Rodriguez (@franrodfer), catedrático de la Universidad de Granada (https://t.co/5rs3SWsHNw?amp=1):

Las expresiones lingüísticas que surgen ante la desazón que generan los datos y acontecimientos económicos tienen un valor más allá de su intención de describir hechos. Generan expectativas y reacciones que retroalimentan la congoja. Es difícil establecer el límite entre las advertencias responsables y el catastrofismo. Considero, no obstante, que está primando demasiado frecuentemente la sobrerreacción y está generando, por sí sola, una externalidad negativa en la economía.

Pocos días antes dediqué un post (El fantasma de la recesión cotiza al alza) al tema, en que planteaba la imprecisión y subjetivismo de algunas expresiones empleadas, que mezclaban estancamiento, desaceleración, recesión o crisis y no concretaban ni plazo, ni intensidad, ni las condicionantes de entorno con que se esperaba que se produjeran.

Concluía mi reflexión aceptando que, incluso a corto plazo, existe un riesgo de recesión, aunque aún nadie ha visto aún al fantasma, y me preocupaba la escasez de munición en las circunstancias actuales, internas y externas. Como ha dicho, en términos políticos, Felipe González "la sociedad no soportaría otra recesión". Pero no parece el personal competente muy dispuesto, ni con muchas ideas, sobre qué hacer.

Suscribo, por tanto, las palabras finales del artículo de Francisco Rodriguez: Precaución pero no miedo. Contracción pero no crisis. Porque cuando una crisis llega realmente, no basta con eso de "ya lo advertí" sino en haberse preparado institucionalmente para que el impacto sea el menor posible... Si se asume el carácter poco previsible de las crisis y el arrastre inevitable de las recesiones globales, lo mejor es contar con un edificio laboral y productivo más resistente.

Hace ahora precisamente un año publiqué tres post consecutivos que tienen ,en este momento, plena actualidad:

Del primero destacar la introducción y el cierre del post:

¡No os asustéis! Al fantasma macabro de la recesión no lo he visto por aquí. Prácticamente nadie encuentra rastros que apunten a una recesión económica, ni mundial ni en España. Sólo algunos visionarios como el "Dr. Doom" (Dr. Catástrofe, Nouriel Roubini) dicen verla acercándose velozmente. Pero muchos creemos que puede estar rondando por ahí y que, en un momento más o menos lejano, es probable que termine dándonos un susto. Merece la pena hablar de recesión, aunque sea en voz baja para no asustar a nadie.

Y añadía: Insisto en la idea de que sólo se puede contestar a la pregunta sobre una próxima recesión en términos de probabilidad (subjetiva, a partir de indicadores adelantados u otras opciones metodológicas) y que deben estudiarse en profundidad detonantes, duración e impactos.

Del segundo tres conclusiones operativas:

  1. Con indicadores, periodos y metodologías múltiples se pueden sacar resultados muy diversos . Sólo la coincidencia de una mayoría de experiencias (los hechos estilizados en la terminología de Kaldor) tienen algunas valor orientativo.
  2. Prácticamente nunca puede descartarse una recesión súbita provocada por un detonante aún no valorado, pero los resultados disponibles parecen llevar a descartar una recesión a corto plazo en EEUU, aunque pueda alcanzarse ya un pico cíclico e iniciarse una fase de desaceleración.
  3. Es importante disponer (en cualquier país) de algún mecanismo de seguimiento de esa probabilidad de entrar en recesión, con la necesaria prudencia a la hora de interpretar resultados.

Del tercer post, destacar mi aviso de que pronosticar el futuro es una mezcla de la objetividad de los datos y de la subjetividad del analista. La predicción aparentemente más objetiva depende de la selección y tratamiento de la información de base. La situación se complica cuando el resultado afecta, como es el caso de las recesiones, a expectativas de consumo e inversión, a la respuesta de los mercados (especialmente de los financieros) ante el riesgo e incluso a las preferencias políticas de los ciudadanos. Además, el subjetivismo en la visión de futuro puede esconder intereses de empresas, inversores, grupos de presión o partidos políticos.

Un año después me confirmo en casi todo lo dicho y sólo añadir algunos matices. La situación económica del momento es especialmente compleja, tanto en el entorno nacional como internacional, y la confusión aumenta con el amplio elenco de aficionados que (al menos a veces) aportan opiniones parciales, no matizadas e incluso interesadas.

Pero también seleccionando a los expertos más reputados se encuentran opiniones dispares y cambiantes en el tiempo, arrastrados por una realidad que se mueve sin parar. La predicción se hace aún más difícil en las circunstancias actuales en que se corrigen bruscamente datos y faltan unas bases sólidas de acción futura de gobiernos a escala interna e internacional.

En esos entornos inciertos y cambiantes, incluso las predicciones realizadas con las herramientas técnicas más elaboradas son imprecisas y se acercan más a ser apuestas razonables de futuro. El valor para el usuario va más allá del dato concreto asignado al crecimiento o al empleo para centrarse en las alternativas posibles, sus probabilidades de ocurrencia y sus múltiples impactos.

Las opiniones sobre si la economía de EEUU, Alemania, Italia o Gran Bretaña van a seguir en un proceso de desaceleración progresiva que culminen en una recesión a nivel mundial, son válidas como avisos previos y estados de ánimo, pero necesitan una base sólida y una concreción en plazos e intensidades para servir a la toma de decisiones públicas y privadas.

Mi apuesta personal en el momento actual (la realidad va mostrando día a día su cara más oculta) es que lo más probable es que nuestro país no entre en recesión (tasas negativas del PIB real durante dos meses consecutivos) al menos durante finales de 2019 y principios de 2020, aunque cualquier nuevo acontecimiento de alto impacto a escala mundial pueda conducir a una recesión generalizada.

A medio plazo no puede descartarse una recesión pasajera, ni que termine en un periodo más amplio de crisis. La capacidad de respuesta a escala mundial y particularmente europea, condiciona esta evolución. La preocupación que debíamos compartir es si estamos preparando  o no el camino para manejar esta posible perturbación futura. Mi diagnóstico actual es que en España llevamos años quedando atrás, como conjunto del país, en el imprescindible proceso de adaptación al nuevo mundo que marca el cambio tecnológico, geopolítico y social que viene afectando tanto al sector público como privado.

Recordad: Caminante  no hay camino, se hace camino al andar.

Antonio Pulido http://www.twitter.com/@PsrA

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