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Agoreros frente a ilusos
Trabajo, robots y tele empleo

    

Si el trabajo es una maldición bíblica (te ganarás el pan con el sudor de tu frente), los más ilusos pueden esperar que los avances tecnológicos puedan acabar con ella o debilitarla hasta límites  insospechados. Si, por el contrario, consideramos que el trabajo es nuestra forma de supervivencia personal y social, su eliminación, en un mundo progresivamente automatizado, es la hecatombe que anuncian los más agoreros.

Hace ya más de 20 años que un economista norteamericano, Jeremy Rifkin, publicó su libro " El fin del trabajo"que llevaba como subtítulo , en la edición inglesa, " El declive de la fuerza del trabajo global y el inicio de la era post- mercado" y , en la española, "Nuevas tecnologías contra puestos de trabajo: el nacimiento de una nueva era". Su principal conclusión era que las innovaciones tecnológicas y las fuerzas del mercado nos estaban llevando, ya hacía dos décadas, al borde de un mundo carente de trabajo para todos.

Para Rifkin (y otros muchos analistas) parecía bastante admisible que las nuevas tecnologías terminarían dejando un saldo negativo entre el número de puestos que crean y destruyen. Después de todo, la innovación tecnológica había permitido, a lo largo de la historia, vivir a la humanidad con menos cantidad de trabajo: millones de recién llegados al mundo laboral se encuentran sin posibilidades trabajo, muchos de ellos víctimas de la revolución tecnológica que está sustituyendo, a pasos agigantados, a los seres humanos por máquinas ...Después de años de previsiones optimistas y de falsas expectativas, las nuevas tecnologías en los campos de los ordenadores y de las telecomunicaciones están, finalmente, produciendo los impactos largamente anunciados...La completa sustitución de los trabajadores por máquinas deberá llevar a replantearse el papel de los seres humanos en los procesos y en el entorno social...al borde de un mundo carente de trabajo para todos.

Partir de una prospectiva de rápida caída tendencial en la cantidad de trabajo necesaria para el crecimiento económico de los países, abre posibilidades ilusionantes de alternativas de la actividad humana, junto con retos preocupantes sobre cómo distribuir y financiar a trabajadores potencialmente activos y excedentes. Rifkin ya aporta, hace más de dos décadas, algunas ideas, aunque sin concretar su aplicación práctica.

La principal sugerencia es "utilizar la capacidad de trabajo y el talento de hombres y mujeres que ya no resultan necesarios en los servicios y en los puestos públicos, para crear un capital social en los barrios y las comunidades". El nudo gordiano es la financiación de quienes no trabajen  en actividades directamente "productivas" o incluso no participen  en esas actividades sociales. La propuesta, inconcreta, de Rifkin: "establecer un impuesto sobre la riqueza generada por la economía de la nueva era de la información y reconducirlo...hacia la creación de nuevos puestos de trabajo y la reconstrucción social".En términos más actuales: ¿impuestos a los robots?, ¿renta básica universal?

En cualquier caso, lo primero sería  cuantificar  el orden de magnitud  de esa destrucción potencial de empleo. Hasta hace poco más de una década,  las perspectivas parecían apuntar a un impacto tan elevado como para dejar sin empleo a una proporción de trabajadores que podría llegar a suponer hasta la mitad de los existentes en un plazo de unos 20 años. Según una referencia muy comentada de 2013  de dos profesores de la universidad de Oxford, Frey  y Osborne, el 47% de los empleos de EEUU estarían en alto riesgo, por la automatización, hacia mediado de la década de los 2030.

En un post de principios de este año (https://www.antoniopulido.es/tu-empleo-entre-un-mundo-que-cambia-y-otro-que-bosteza/) insistía en los peligros de subvalorar el impacto en el mundo del trabajo de las nuevas tecnologías:

Tengas un empleo fijo, seas autónomo, trabajes por libre a tiempo parcial, estés en paro o formándote para iniciar o reconducir tu vida laboral, debes prepararte para un cambio radical en el mundo del trabajo. Te pueden gustar más o menos los robots, la Inteligencia Artificial o los nuevos tipos de empresas de un mundo en profunda transformación...pero vas a convivir con ellos.

Vive atento y no te duermas o esperes que lleguen las consecuencias del "tsunami" tecnológico, como hacen algunos. Con una variante temporal y de tipo de desafíos, resultan descriptivos los versos de Machado: Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza.

Sólo por el impacto de los robots industriales se estima que cada nuevo robot ha remplazado a 3-4 trabajadores, como promedio de seis grandes países europeos (Alemania, España, Finlandia, Francia, Italia y Suecia) durante el periodo 1995-2007 según un documento de trabajo publicado por el think-tank europeo Bruegel (http://http://bruegel.org/2018/06/robots-ict-and-eu-employment/?utm_content=buffer7af49&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer+(bruegel)

Incluso algunos estudios sugieren que del orden del 50% de los trabajos actuales serán automatizados, parcial o totalmente, durante los próximos años. Otros apuntan que el potencial de automatización afecta como una "amenaza aguda" a más del 70% de las 207 profesiones analizadas (Frey y Osborne, 2017).

Sin embargo, tampoco es conveniente caer en una especie de "apocalipsis robot" que niegan frontalmente otros analistas como Manuel Hidalgo (@Manuj_Hidalgo) autor del libroEl empleo del futuro. Como resume en una reciente entrevista de prensa: Mucha destrucción de empleo. Esto es evidente cuando sucede un cambio tecnológico tan intenso en tecnologías tan transversales- pero no sufriremos un aumento del paro. La teoría económica dice que aunque al principio ese crecimiento del trabajo parece más difuso al final resulta mayor. No viviremos ese apocalipsis robot que algunos vaticinan. Aunque tampoco será inocuo. 

En un libro reciente (The Technology Trap,  Princeton University, junio 2019) el profesor Carl Frey revisa y desmitifica algunas interpretaciones excesivamente negativas sobre la destrucción de empleo: sus artículos anteriores apuntan el "alto riesgo" a una o dos décadas para un 47% de una selección de profesiones, pero no debe interpretarse como una estimación del número de trabajos destruidos por automatización, que dependerá de otras muchas cosas como costes relativos, regulaciones, presión política y resistencia social.

Frey avisa que las nuevas tecnologías necesitan tiempo para mostrar aspectos positivos compensatorios en productividad y salarios y tendrán, necesariamente, medidas políticas transitorias de acompañamiento en compensación salarial, reforma de sistemas educativos o incentivos a la relocalización y cambio laboral.

Como complemento, voy a hacer referencia a un par de publicaciones que me parecen de interés, entre la multiplicidad de tomas de posición que, día a día, se producen.

La primera es un  informe de Credit Suisse Research Institute,  AI&The FutureWork,enero 2019,  que apunta que, entre 1992 y 2015, la pérdida de empleos ha sido especialmente dura para las ocupaciones con menor formación y bajos salarios (trabajadores del campo, operadores de planta, administrativos de entrada de datos, asistentes de ventas...) con caídas de hasta un 5% en España. Por el contrario, la incidencia es reducida en trabajos de servicios personales poco especializados e incluso hay creación neta de empleos por encima del 10% en el quintil más elevado de directivos y profesionales altamente cualificados.

Según su dictamen: Big data y los avances en el proceso de cálculo han desencadenado una revolución tecnológica que puede tener gran impacto en el entorno laboral y en el mercado de trabajo. Máquinas y robots están mejorando rápidamente su capacidad a través de la IA e innovaciones de diseño y estructura. Asistentes digitales organizan programas, planifican viajes y proporcionan respuesta a muchas cuestiones de todo tipo de personas.

Reconocen que hay tecnologías ·"reemplazadoras" del trabajo humano, pero argumentan que el efecto desplazamiento puede verse compensado por un efecto productividad: incremento de puestos de trabajo en sectores que se desarrollan como resultado del progreso tecnológico o por avances en tecnologías "posibilitantes", que abren nuevos caminos y/o potencian la eficiencia de las instituciones.

La segunda referencia es a un informe de Marcelo LaFleur para Naciones Unidas (Department of Economics &Social Affairs) de finales de 2018, titulado Frontier Issues: The impact of the technological revolution on labour markets and income distribution. De sus seis capítulos voy a destacar el cuarto, que valora siete impactos:

  1. Destrucción y creación de trabajo
  2. Ajuste ocupacional, polarización del trabajo y desigualdad salarial
  3. Tecnología y globalización
  4. Tecnología y estructura de mercado
  5. Tecnología y organización del trabajo
  6. Tecnología y sector informal
  7. Tecnología y participación de la fuerza de trabajo femenina

Sólo un apunte referido a destrucción y creación de empleo.  Destaca, en cuanto a destrucción, la reducción para tareas actuales, la automatización de tareas con eliminación de algunas ocupaciones y la alteración tecnológica de las tareas que requiere una ocupación. Compensa, en creación: tareas complementarias de la automatización,  nuevas empresas y productos,  incremento de la productividad con su efecto en menores costes y precios, un mayor crecimiento y rentas con su impacto en una demanda al alza. Su dictamen final:

A largo plazo siempre el progreso tecnológico ha reforzado (más que debilitado) la necesidad de trabajo humano. Sin embargo, no deberían ignorarse los efectos disruptivos de las nuevas tecnologías.. Mientras que son inmediatas las pérdidas de trabajo inducidas tecnológicamente, la creación de nuevos trabajos lleva su tiempo. Adicionalmente, los nuevos empleos frecuentemente difieren de los antiguos en sectores,  habilidades requeridas y localización geográfica.

Antonio Pulido http://www.twitter.com/@PsrA

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