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Economía
La población española que puede teletrabajar ha pasado de su habitual 4% hasta un máximo del 28%

    

La población española que puede teletrabajar ha pasado de su habitual 4% hasta un máximo del 28% por la crisis del coronavirus ha provocado de forma indirecta el debate sobre quiénes y cuántos se pueden quedar en su casa trabajando y quienes no, según Irene Sierra Del foro económico mundial ,

Antes de la crisis del coronavirus, solamente el 4% de la población activa tenía la opción de trabajar en remoto más de la mitad de su calendario laboral. Sin embargo, la aplicación del estado de alarma actual ha obligado a empresas reacias al trabajo desde casa a tener que adaptarse rápidamente a él, transformando el 4% anterior en un 28%.

Las administraciones públicas aún no disponen de la infraestructura necesaria para que todos los empleados públicos puedan trabajar desde sus domicilios, como advierte el diario 'La Información'. Los sindicatos estiman que el 75% de funcionarios de la Administración del Estado está en su casa, miles de ellos sin acceso a las herramientas que les permitirían continuar con su actividad. Las dificultades van desde la escasez de licencias para teletrabajar en remoto hasta la falta de equipos informáticos, y salpican a todos los ministerios. A eso se suma la tardía respuesta del Gobierno, que ha aprobado una inversión de 2,5 millones de euros en dispositivos un mes después de decretar el estado de alarma.

La excepcional situación que estamos viviendo no solo sugiere que sacar adelante el trabajo desde casa es posible, sino que también realza una desigualdad social y laboral que en otras circunstancias cotidianas no es tan obvia. Del mismo modo que el coronavirus ha obligado a cerrar bares y reducir la distancia social, también ha provocado de forma indirecta quien se puede quedar en su casa trabajando y quien no.


Despite telemedicine having relatively low adoption rates in the past, the number of US adults who reported intent to use telemedicine rose from 18% to 30% between February and March 2020. Globally, telemedicine was a $45.5 billion market in 2019, and that figure is estimated to rise to $175.5 billion by 2026.



Many local businesses are feeling the brunt of the coronavirus pandemic. More than a third of local marketers worldwide said they’re losing customers as a result of COVID-19, according to a March 2020 survey from BrightLocal, and 27% reported temporarily closing their stores.


Mientras los trabajadores de oficina pueden hacer frente a su volumen de trabajo en chándal y zapatillas, los empleados de las consideradas actividades esenciales (alimentación, servicios sanitarios, servicios de limpieza, protección civil, etcétera) trabajan en primera línea para mantener el abastecimiento, desinfectar zonas comunes o construir hospitales de campaña.

De esta pandemia nos están sacando las cajeras de los supermercados, los transportistas, las limpiadoras o los barrenderos, entre otros muchos trabajadores que están exponiendo su salud a cambio de salarios especialmente bajos.

¿Quién puede teletrabajar?

Según la última encuesta de población activa de 2019, solamente el 21,6% de los trabajadorespodría desempeñar su actividad profesional desde casa. Este porcentaje incluye a profesionales, técnicos, directivos o funcionarios y, en circunstancias como las actuales, también a profesores, investigadores o maestros.

Sin embargo, la realidad cotidiana es muy distinta. Según datos del INE, en 2018, solamente el 4,3%de los trabajadores dados de alta en la seguridad social trabajaban desde casa. Ahora y como consecuencia de la epidemia, durante la tercera semana de confinamiento un 28% de la población activa estaba teletrabajando, un porcentaje algo menor que el 35% detectado por Funcas la semana del 16 de marzo.

Un mes después del inicio del confinamiento, el porcentaje de personas que están teletrabajando ha caído siete puntos porcentuales debido a que cada vez más empresas se han ido acogiendo a los expedientes de regulación temporal de empleo. Según los últimos datos ofrecidos por el Ministerio de Trabajo, hasta la fecha se han presentado 246.235 ERTES.

En cuanto a la gran pregunta sobre si la productividad de los trabajadores se ha visto reducida por el teletrabajo, las respuestas son por el momento incierto. A modo de ejemplo, la empresa china DDD Online compartió sus datos de productividad semanas después de implantar el teletrabajo a causa del coronavirus. Para su sorpresa y tras ver una caída de la productividad del 60% durante la primera semana, observaron cómo ésta aumentó un 90% durante la segunda semana.

El riesgo detrás de no poder hacerlo

El perfil de los profesionales que están trabajando desde casa evidencia que, mayoritariamente, quienes pueden hacerlo son aquellos con empleos cualificados y bien pagados. Según una encuesta realizada por Funcas durante la primera semana del estado de alarma, el 52% de las personas que estaban teletrabajando tenía estudios universitarios y solo el 2% contaban con titulación primaria.

Igualmente, la situación de alerta sanitaria ha puesto de manifiesto que hay una serie de empleos más frágiles que otros y que sobreviven peor ante la llegada de este tipo de situaciones. El modelo económico propuesto por el economista americano Charles Gascon habla de actividades de alto y bajo riesgo.

Las primeras englobarían aquellos sectores cuyo trabajo se desempeña fuera de casa y que actualmente han visto su actividad paralizada: industria, hostelería, comercio o construcción, mientras que las de bajo riesgo recogen los empleos de oficina, funcionariado, ciencia, profesorado, investigadores o servicios esenciales.

Teniendo en cuenta la clasificación anterior, en España, el 52,3% de los trabajos se agrupan en el colectivo más vulnerable, lo que quiere decir que más de la mitad de la población está expuesta a quedarse sin trabajo en unas circunstancias como las actuales. La dependencia económica de sectores como el turismo o la hostelería hace que un porcentaje mayor del mercado laboral sea susceptible de ajustes ante una crisis aguda.

Para hacernos una idea, durante el verano de 2018, sólo el sector turístico acumulaba 2,5 millones de afiliados a la seguridad social.

La pandemia acelerará tambien cambios en la forma de trabajar

Bajo la presión de una pandemia, muchas empresas cambiarán la forma en que operan, según The Economist. Tres tendencias que ya estaban en marcha pueden acelerarse: la forma en que se llevan a cabo las reuniones, la forma en que se organizan los equipos y la brecha cada vez mayor entre empleados a tiempo completo y externos, como los trabajadores independientes y los contratistas.

Hubo tantas reuniones virtuales con Zoom y otras aplicaciones que los empleadores pueden decidir mantenerlas en el futuro. Unas 2,1 millones de personas Se descargaron la aplicación Zoom el 23 de marzo, cuando Gran Bretaña se sumó al cierre y la Organización Mundial de la Salud advirtió que la pandemia se estaba "acelerando".

Las reuniones remotas tienen inconvenientes, por lo que las físicas no desaparecerán por completo, pero serán una proporción menor del total. 

Otro cambio será un mayor enfoque en la comunicación entre los empleados clave.En la crisis, muchas empresas han recurrido a aplicaciones como Slack, que permiten a los equipos comunicarse En total, el uso de Slack aumentó aproximadamente un 20% entre el 1 de febrero y el 25 de marzo, mientras que los usuarios conectados simultáneamente aumentaron de 10.5m el 16 de marzo a 12.5m el 25 de marzo.

La división interna / externa es una de las tendencias descritas por William Davidow y Michael Malone en "La revolución autónoma", su nuevo libro. Los empleados permanentes son una carga costosa, gracias a los costos asociados, como la atención médica (en Estados Unidos) y las pensiones (en todas partes). Las herramientas en línea ya permiten a los empleadores pronosticar las cargas de trabajo y programar a los trabajadores al instante. La crisis actual puede llevar a las empresas a reconsideran qué trabajadores a tiempo completo son esenciales y cuáles no.

La pandemia también acelerará la tendencia hacia la automatización, reduciendo la necesidad de empleados humanos.Una reducción en la oferta de trabajos seguros y totalmente remunerados puede coincidir con un aumento en la demanda de tales roles. La crisis habrá enseñado una dura lección a quienes trabajan como autónomos: son muy vulnerables. La independencia y la capacidad de administrar su propio tiempo suenan atractivas cuando el trabajo es abundante. En tiempos difíciles, los trabajadores apreciarán la seguridad, por agotador que sea el viaje diario. El aumento en el desempleo solo aumentará el deseo de empleos estables. Es probable que eso mantenga una presión a la baja sobre los salarios. Los trabajadores independientes y los contratistas se aferran inestablemente a los botes salvavidas.

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