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Debates y firmas invitadas
Ante las propuestas Ministerio,Comunidades Autónomas y CRUE
Capitalismo académico: Soluciones "oficiales" a los problemas de la universidad

    


Pasado el tiempo de la conquista por la fuerza, llega la hora del control a través de la persuasión.Para todo imperio que quiera perdurar, el gran desafío consiste en domesticar las almas.Con este análisis a lo Gramsci (controlar mentes para hacerse con corazones y manos), inicia Enrique Javier Díez Gutiérrez, Profesor de la Universidad de León, su ponencia en el debate "Soluciones oficiales (Propuestas por Ministerio, Comunidades Autónomas y CRUE) a los problemas actuales de las Universidades"

Junot Díaz, premio Pulitzer y profesor del MIT, en una entrevista en El País Semanal de 2013: La Universidad como institución ha dejado atrás los valores de la educación para sustituirlo por un modelo de negocios. Mis estudiantes creen que están allí para conseguir un puesto de trabajo. Ésta parece que se ha convertido en la finalidad esencial y casi única de la Universidad en el capitalismo contemporáneo.
Nancy Fraser: toda lucha por mejorar las condiciones materiales de un colectivo, tiene que incorporar una lucha específica por redefinir el imaginario simbólico que también determina sus vidas.

El Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, en boca de su nuevo Ministro, Pedro Duque, anunció en su primera comparecencia como ministro ante la Comisión de Ciencia del Congreso una nueva Ley de Universidades antes del fin de la legislatura. Parece que el adelanto previsible de las elecciones va a justificar el incumplimiento de tal “promesa”. Menos aún podrá cumplir su afirmación de “abrir el camino para que toda la comunidad universitaria participe en ese debate esencial para que antes de que finalice la legislatura este Ministerio haya recorrido un camino suficiente para preparar la nueva Ley”.

Lo que parece que ha asumido, de momento, este nuevo equipo de Duque son las propuestas patrocinadas por la Fundación del Banco BBVA, la Estrategia Universidad 2015 del PSOE, elaborada por la Fundación Conocimiento y Desarrollo presidida por Ana Patricia Botín e incluso las propuestas de la “comisión de expertos y expertas para la reforma de la universidad”, nombrada por el ministro Wert. Es decir, una reedición de buena parte del manido Informe Bricall del 2000. En general, son propuestas neoliberales propugnan reducir la educación superior a una simple mercancía y la universidad a una industria del conocimiento, donde solo tendría cabida la docencia que encajara con las exigencias de capital humano provenientes del sector privado y la investigación susceptible de ser comercializada de forma inmediata de cara a generar beneficios para la industria privada.

El jueves 8 de noviembre se inauguraron las Jornadas ‘Los retos inaplazables del Sistema Universitario Español: Nueva Gobernanza, Reputación, Internacionalización y Compliance’, organizadas por la Conferencia de Consejos Sociales de Universidades españolas. Pablo Martín, subsecretario de Ciencia, Innovación y Universidades, ha apuntado la necesidad de “una educación superior de calidad para el impulso de la economía española”. Alain Casanovas, responsable de Legal Compliance en KPMG España, vende la imprescindible compliance que “no consiste en vigilar; tiene que ver con cultivar la integridad de las personas para que no sea necesario controlarlas”. En las Jornadas han intervenido, entre otros, el secretario general de Universidades, José Manuel Pingarrón, el director general de la Agencia de Acreditación de la Calidad Alemana, Iring Wasser, y Martín Parellada, coordinador general del informe CYD (Fundación Conocimiento y Desarrollo) que comentó las principales conclusiones del estudio realizado por la Cámara de España, la Fundación CYD y la CCS sobre las reformas estructurales en los sistemas universitarios europeos, destacando “evidencias” de (1) una creciente autonomía de las universidades, (2) un incremento de los agentes externos en los máximos órganos colegiados de gobierno, (3) una mayor profesionalización de la gestión institucional, (4) una mayor rendición de cuentas, la diversificación de las fuentes de ingreso, o (5) la asignación de recursos públicos en función de las tasas de rendimiento de cada universidad.

Rasgos del modelo neoliberal de los talibanes

Es decir, vuelven una y otra vez al modelo neoliberal como receta única y universal a pesar del fracaso que supone en todas partes. Pero son talibanes en su fanática fe indemostrada. En definitiva, lo que pretenden es "mercantilizar" la universidad mediante tres vías principales:

- La sumisión académica, donde la docencia y la investigación deben estar determinadas exclusivamente por el mercado laboral y las posibilidades de comercialización y especialización en aquellas competencias que sean útiles y vendibles en dicho mercado.

- La gobernanza jerárquica, en lugar de la colegiada y electiva actual, en donde las Universidades públicas deben imitar el modelo de gestión privada del mundo empresarial, que se considera más eficaz y rentable. Es lo que se ha denominado la Nueva Gestión Pública.

- La financiación mercantilista, basada en el re-pago de los estudios por parte del alumnado mediante incremento exponencial de las tasas académicas y el endeudamiento bancario para poder continuar estudiando; la generación de negocio a través de la transferencia de los resultados de la investigación a las empresas para su explotación comercial; la financiación privada y el mecenazgo como alternativa a las aportaciones públicas, en un marco de una competitividad “a la manera del darwinismo social” entre las Universidades para conseguir esa financiación.

Sumisión académica, donde la docencia y la investigación deben estar determinadas exclusivamente por el mercado laboral. Se utiliza para ello el mantra de la inadecuación del sistema universitario al sistema productivo, y la necesidad de superar ese desfase poniendo a “la empresa” al mando, ha sido machaconamente repetido tanto por las patronales del sector como por los abundantes informes de los responsables de universidad y los organismos internacionales. De esta manera, tras décadas de insistencia, la función de la universidad ha mutado: la filosofía de las grandes corporaciones empresariales, que afirma la necesidad de proporcionar a la industria y los servicios mano de obra adaptada a las exigencias de la producción moderna, se ha convertido, con mucho, en la más importante de las funciones atribuidas a la educación superior al cabo de los años (Moreno, Díez, Pazos y Recio, 2013, 49).

Así, la tarea primordial del sistema universitario ha acabado siendo el actuar como soporte de la empresa. El casi total control de los medios de comunicación por parte del capital financiero, incluidos los medios públicos, ha privilegiado un discurso único, que tácitamente ha aceptado el cambio del modelo universitario. Con la excusa de que la educación superior debe atender a las “demandas sociales”, se hace una interpretación claramente reduccionista de lo que es la sociedad, poniendo a la universidad al exclusivo servicio de las empresas y centrando la formación en preparar el tipo de profesionales solicitados por éstas.

No obstante, el discurso mil veces repetido por las patronales de la inadecuación del sistema universitario a las necesidades del mercado laboral, los datos del mercado de trabajo, y las características de la población activa, desmienten, tal y como señalan abundantes estudios sociológicos esta pretendida inadecuación entre la oferta de trabajo y la configuración formativa de la Educación Superior.

Gobernanza jerárquica: Cuestionamiento de la autonomía universitaria y de los principios democráticos, pretendiendo que órganos de gobierno como el de Rector o Rectora, Decanos y Decanas, y Dirección de Departamentos no sean elegidos por la comunidad universitaria, sino por autoridades o grupos de poder ajenos a la misma. Se utiliza para ello varias propuestas falaces:

La confusión frecuente, interesada, asimilando gobierno y gestión, cuando es clara la distinción: gobierno es establecer normas y tomar decisiones; gestión es aplicarlas. Hay un amplio consenso en la conveniencia de profesionalizar la gestión, que se ensancha cada vez más por la complejidad creciente de los asuntos de carácter administrativo, económico, normativo, de infraestructuras, etc., de la universidad actual. La falacia radica en deslizarse insensiblemente hacia la profesionalización del gobierno, para ir a parar, ahora por otra vía, a la misma no elegibilidad de los responsables institucionales antes criticada. Las responsabilidades políticas de gobierno quedarían así en manos de una tecnocracia no sometida al control democrático interno.

Se plantea crear la figura del “rector-gestor”, para cuyo nombramiento habría incluso previsto una convocatoria internacional, quien contará con “plenas funciones ejecutivas”, acaparando un poder discrecional no sometido a control democrático alguno. Este nuevo Rector o Rectora, que ya no sería por tanto elegido por la comunidad universitaria, tendría enormes facultades directivas, pudiendo nombrar, por ejemplo, directamente a los vicerrectores, secretaría general, decanos y directores de las facultades y de los departamentos.

Excusas de la pirámide plutocrática contra la democracia

Junto a esta propuesta, se han venido afirmando en las últimas propuestas de reforma otros objetivos para justificarlas, como el de dar cabida en la universidad a la “sociedad civil”. Por supuesto, reducida a los representantes del bipartidismo político tradicional y del mundo empresarial y de las finanzas, muy alejada de los intereses del conjunto de la sociedad.

La excusa para implantar esta pirámide plutocrática y suprimir los actuales sistemas de representación y gobierno democrático interna de las universidades es, una vez más, dotar de “agilidad” y “eficiencia” a la gestión. En definitiva, se pretende así introducir plenamente el estilo de gestión empresarial en el funcionamiento de la universidad pública, reforzando la autoridad de los órganos unipersonales. En vez de proponer medidas que mejoren la representatividad y los procesos colectivos de deliberación y toma de decisiones, lo que pretende es, simple y llanamente, reducirlos a la mínima expresión.

Se olvidan que el funcionamiento de una organización como la universitaria depende fundamentalmente de las capacidades y actitudes de sus integrantes, por lo que su gobierno debe basarse en el convencimiento, en el extremo opuesto del gobierno jerárquico. Con mecanismos de toma de decisiones basados en la transparencia y la participación, para que los miembros se sientan corresponsables. Los esfuerzos realizados para lograrlo quedan sobradamente compensados por la eficacia a la hora de poner en práctica los acuerdos adoptados, que con frecuencia requieren la colaboración, e incluso el voluntarismo, de lo que los deben aplicar.

Financiación mercantilista

Porque como predica Martín Parellada, el coordinador general del informe CYD (Fundación Conocimiento y Desarrollo) de Ana Patricia Botín, hay que potenciar una creciente autonomía de las universidades, que retraducido en “cristiano” significa recorte y desfinanciación de las Universidades públicas, para que busquen la diversificación de las fuentes de ingreso, e implantando el modelo de empresa en la universidad: el pago por resultados, es decir, la asignación de recursos públicos en función de las tasas de rendimiento de cada universidad, no en función de las necesidades de la misma.

Para justificar este modelo mercantilista hemos venido asistiendo a una campaña ideológica sistemática, con ingredientes tales como: desprestigio de lo público frente a la exaltación de lo privado; catastrofismo en el balance universitario de las últimas décadas; exageración de las deficiencias actuales; falseamiento de las cifras sobre el tamaño o el coste de nuestras universidades públicas; priorización exclusiva de la vertiente mercantil de la “tercera función”, limitando la transferencia de conocimiento a sólo la parte de la sociedad ligada a los intereses del sector productivo; ataque frontal a la autonomía universitaria desde los intereses privados, especialmente del capital financiero; etc.

Nuestra Universidad Pública está siendo acusada por las corrientes neoliberales de ser ineficaz, cara y mediocre, cuando, muy al contrario, los estudios internacionales muestran que nuestra educación superior y productividad científica son equiparables a los de los países de la OCDE, a pesar de que la inversión en nuestro país supone unos recursos anuales un 20% inferiores. Y todo ello se consigue en las universidades públicas, que acogen el 90% del estudiantado y son responsables del 97% de la producción científica total del sistema (Grau, 2012).

Resultados que ya han penetrado ministerios y universidades

Los resultados de sus propuestas, que ya han penetrado la dinámica de las políticas de los ministerios de educación y universidades, de las consejerías de educación de las comunidades autónomas, de las conferencias de rectores, de los gerentes y equipos rectorales y de la mayor parte de las universidades en nuestro estado, son la siguientes:
  1. Proliferación de universidades privadas, prácticamente sin ningún control, en un contexto de estancamiento de la demanda de estudiantes y con una oferta de titulaciones ya cubierta por el sector público. El sistema universitario español era en su casi totalidad de carácter público, con la excepción, antes de 1991, de algunas universidades pertenecientes a la iglesia católica. A partir de entonces han ido proliferando rápidamente las universidades privadas, apoyadas por los poderes políticos y económicos, con el argumento de genera mayor competitividad entre universidades y por lo tanto, dicen, mejores resultados, algo que no ha sido así. Lo único que ha provocado es mayor negocio, sobre todo con los másteres.
  2. No incrementar los recursos sino predicar la “gestión más eficiente” de los mismos: Mantra del “más con menos”. Recortes en las Universidades que conocemos de sobra.
  3. Subida del precio de las matrículas: recaer sobre los usuarios el coste de la Educación Superior. Hasta un 66% en Cataluña, pudiendo llegar hasta una subida del 259% al 362% en las segundas, terceras y cuartas matrículas.
  4. Disminución del personal funcionario: precarización del personal laboral de las universidades públicas, tanto PDI como PAS, reduciendo sus posibilidades de acceso a la contratación con carácter indefinido.
  5. Neolenguaje potente para encubrir la mercantilización: “elevar el nivel”; “política de competitividad”, “innovación, excelencia e internacionalización”, Rajoy dixit, con el fin de cambiar el panorama actual ya que “ninguna universidad española aparece entre las 150 mejores del mundo”. La motivación de este proceso de reformas no es ni científica ni política: no se trata de que se hayan detectado en nuestra enseñanza superior fallos o deficiencias sustanciales en el terreno de la docencia y de la investigación. Esta reforma se apoya en una razón exclusivamente económica: la necesidad de competir con los Estados Unidos también en el mercado de la educación.
  6. Se asume que, en un contexto de globalización de la enseñanza superior, apertura a la competencia y recorte presupuestario continuado, se avance en el denominado “capitalismo académico”: universidades cuyo personal sigue siendo retribuido en una gran parte por el Estado, pero cada vez más comprometidas en una competencia de tipo comercial, en busca de fuentes de financiación complementarias. Recorta el presupuesto para proyectos “improductivos” de orientación humanística y/o crítica. Estos recortes han desatado una lucha feroz por obtener presupuesto para investigación, para edificación, y para programas nuevos y mejores, lo cual ha provocado que las universidades se adapten cada vez más a las prioridades de quienes las pueden dotar de presupuestos complementarios: corporaciones, fundaciones y otros donantes de la élite.
De esta manera, en este proceso se le asigna cada vez más el aval institucional a aquello que es percibido como económicamente útil. La universalidad propia del conocimiento universitario ha sucumbido al modelo pragmático e instrumental del saber al servicio del mercado. Parece no encontrar ya más razón de ser legítima que la salida profesional del alumnado y el beneficio que las empresas pueden extraer de las investigaciones y de la formación que pueden recibir en ella los futuros trabajadores y trabajadoras de sus empresas, formados a costa del dinero público.


El problema es que esta “mentalidad” se ha infiltrado en todos los estamentos universitarios, no solo en los que rigen la administración universitaria a nivel político. Y es más fácil evadirse de una prisión física que salir de esta racionalidad elegida “libremente”, ya que esto supone liberarse de un sistema de mecanismos de sumisión normalizados mediante estrategias de interiorización y control del yo. La comunidad académica y universitaria nunca se hubiera "convertido" voluntariamente o espontáneamente a este modelo neoliberal mediante la sola propaganda del modelo. Ha sido preciso instalar todos estos mecanismos de educación del “espíritu” basados en un nuevo ideal del ser humano: publica o perecer, compite y se excelente, solo se financia aquello que está vinculado a proyectos empresariales. Mecanismos de “libre consentimiento” que exigen la participación activa de los propios involucrados. Se nos forma para “elegir libremente”, incluso desear, pertenecer al sistema y ser evaluados por la ANECA.

Es evidente que la universidad debe seguir mejorando y evolucionar para atender las nuevas demandas sociales que van apareciendo. La sociedad espera que la universidad sea no sólo una institución académica de calidad, sino también un agente dinamizador para un nuevo modelo social ético, justo, solidario y al servicio de la emancipación, la dignidad humana y la construcción de un mundo más justo y mejor para toda la sociedad.

Necesitamos defender una Universidad que se comprometa con la sociedad, que sea motor de transformación social. Pero el objetivo de las “soluciones y propuestas oficiales” no parece ser el de contribuir a cambiar la sociedad desde la universidad para hacerla más justa, más sabia, más universal, más equitativa, más comprensiva.
La verdadera munición del capitalismo no son las balas de goma o el gas lacrimógeno; es nuestro silencio y complicidad. Nos jugamos el futuro de nuestros hijos e hijas, de la universidad pública y el de la sociedad en su conjunto. No hay neutralidad posible.


 
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