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Inclusión digital
Multiplican por 50el volumen de transacciones norteaméricano
China desbanca como mercado de pagos online a EE.UU, cuna del oligopolio global de tarjetas

    


Los pagos ´on-line´ de China ya multiplican por 50 el volumen de transacciones de Estados Unidos, donde surgieron los pagos electrónicos a partir de los años sesenta por impulso de Visa (cerca del 50% del mercado global de tarjetas bancarias), MasterCard (más del 30% de cuota mundial), y en menor medida American Express. Hasta hace dos años, el gigante asiático ha puesto problemas a la expansión del oligopolio norteamericano, cuyas firmas ya compiten sin éxito con el gigante mundial UnionPay.

La propia Visa, en un reciente estudio de Moodys sobre la aportación del uso de las tarjetas al PIB de cada país, cifraba la de EEUU en 127.000 millones de dólares, y la de China ya en el triple. Las respectivas cifras en aportación del sector al empleo serían de 427.000 puestos en China y apenas 180,000 en los Estados Unidos.El éxito del sistema de pagos chino reside en que casi todos los comercios han incluido el pago por Internet y, por si fuese poco, Alibaba y Tencent ya cuentan con productos de inversión gestionados por móvil, además de la inexistencia de comisiones, según cuenta el corresponsal en Pekin Zigor Aldaba en numerosos diarios del grupo Vocento, como Sur, bajo el título "China ya no paga en efectivo". 

La imagen provocó gran sorpresa entre el público chino a finales del pasado mes de abril, pero refleja bien la revolución de los pagos 'on-line' que se está gestando en el gigante asiático: un mendigo de la ciudad de Jinan fue fotografiado con un código 'QR' colgado del cuello para que las almas caritativas pudiesen escanearlo y transferir así dinero a su cuenta de Alipay, el monedero electrónico diseñado por el gigante del comercio electrónico Alibaba. Pocos días después, medios de comunicación locales descubrieron que no es el único que acepta donaciones de esta forma.

Al fin y al cabo, los pagos en Internet han alcanzado en China cifras récord mundiales, sobre todo los que se hacen desde el 'smartphone'. No en vano, un 95% de los 731 millones de internautas accede a la Red desde sus dispositivos móviles, y el año pasado 469 millones de personas pagaron 'on-line'. El volumen de sus transacciones duplicó la cifra de 2015 y alcanzó -según iResearch- los 57 billones de yuanes (7,7 billones de euros). Es un importe que multiplica por 50 el de los pagos cibernéticos en Estados Unidos, el segundo mayor mercado del sector.

«Se trata de un sistema muy sencillo y práctico», comenta Jiang Hui, profesor de Economía de la Universidad de Jiaotong, en Shanghái. «Es seguro, porque no requiere llevar encima dinero en efectivo y las operaciones están verificadas por una contraseña o por sistemas biométricos como el sensor de huellas dactilares del móvil, y carece de la burocracia que lastra a la banca». No obstante, Jiang apunta un factor clave que diferencia a China del resto del mundo. «El éxito reside en el hecho de que casi todos los comercios e individuos han incorporado este sistema de pago».

Sus palabras adquieren sentido en cualquier ciudad china. Vivir sin dinero en efectivo, e incluso sin tarjetas bancarias, es una posibilidad al alcance de cualquiera. Basta con vincular una cuenta bancaria a los servicios de Alibaba o Tencent -que gestiona WeChat Pay-, y todas las operaciones del día a día se pueden realizar con el móvil o el ordenador: compras en Internet, en comercios físicos de todo tipo y en máquinas de 'vending', pagos a servicios públicos como la electricidad, el gas, o el agua, transferencias entre usuarios sin comisiones, e incluso el abono de impuestos gubernamentales. Los logotipos de Alipay o WeChat Pay son ya mucho más habituales que los de las principales empresas de tarjetas -Visa, MasterCard, o Union Pay-.

«Curiosamente, para muchos chinos, sobre todo los jóvenes, esto supone un salto del efectivo al dinero electrónico sin pasar por las tarjetas. China ha sido tradicionalmente un país en el que los fajos de billetes han tenido gran aceptación, pero ahora se ha pasado de un extremo al otro», apunta Jiang. Y los bancos están sufriendo para mantener su cuota de mercado. «Han llegado tarde y sus aplicaciones de pago 'on-line' no cuentan con mucha aceptación», explica el profesor. Se estima que solo en 2015 el sector bancario perdió unos 20.000 millones de euros en comisiones que dejó de cobrar por el auge 'on-line'.

Nuevos actores financieros

Y esto no ha hecho más que empezar. La consultoría iResearch prevé que el volumen de transacciones total se dispare hasta los 116,7 billones de yuanes (15,7 billones de euros) en 2019, y su competidora Acuity Research avanza que en 2020 el 60% de todos los pagos se realizará online y estará verificado con sistemas biométricos. Por si fuese poco, el negocio de Alibaba y Tencent no se queda ahí, y ya cuentan también con productos de inversión que se gestionan a través del móvil.

Un buen ejemplo de ello es el fondo de inversión Yu'ebao -gestionado por Ant Financial para Alibaba-, que se ha convertido en el mayor del país con un capital superior a los 800.000 millones de yuanes (108.000 millones de euros) y con más de 300 millones de pequeños inversores. «Al final, empresas como Alibaba -el mayor portal de comercio electrónico del mundo- se convierten en entidades financieras que ponen en circulación moneda de curso legal. Lógicamente, llegará el momento en el que haya que regular su actividad, ya que al Gobierno chino le preocupan tanto la masa monetaria como el cambio de divisa», avanza Luis Galán, fundador de la consejería especializada en comercio electrónico 2Open.

De momento, las ventajas de los pagos electrónicos saltan a la vista: suponen un buen método para controlar y combatir el dinero negro, y otorgan mayor control sobre la población al Gobierno, que puede exigir los datos de todas las transacciones de los usuarios a las empresas que las gestionan. Pero, a falta de mayor regulación, los pagos 'online' también sirven actualmente para realizar pagos que no están sujetos a impuestos y para sostener una gigantesca economía sumergida que crece al calor del comercio electrónico. Como siempre, ofrece tantas oportunidades como riesgos.

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